Estamos acostumbrados a decir que María nos ama, que nos ama tanto como a su mismo Hijo Jesucristo. Entonces no nos quedemos solo con esta definición fría sino caldeémonos en el amor de esta Madre, recostemos nuestra cabeza sobre el pecho de la Virgen, y estémonos allí disfrutando del cariño y dulzura de nuestra Mamá del Cielo. Al concluir el mes mariano, los fieles de nuestra parroquia ha querido agradecer a nuestra Madre.
¡Cuántas veces buscamos el consuelo a nuestras penas en las criaturas, y nos olvidamos del Consuelo de los Afligidos que es María! Somos como viajeros errantes que buscan un espejo de agua para apagar su sed ardiente, y teniendo a mano un manantial de agua pura, que es María, morimos de sed en el desierto del mundo, entre desprecios y tristezas.
¡Vayamos a María! ¡Disfrutemos de su amor!, porque Ella nos ama de verdad, y es una Mujer de carne y huesos, tiene un Corazón de carne que palpita, tiene un cuerpo glorificado pero verdadero cuerpo, y con ese cuerpo está CONSTANTEMENTE al lado nuestro, para defendernos y, sobre todo, para consolarnos y darnos todo su amor y su cariño. ¡Qué desdichados seríamos si no aprovecháramos esta maravilla que es María con nosotros!
(devocionesypromesas.com.ar)
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"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."
"La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte." (Juan Pablo II

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